Para Trapito


 09-03-2016



Dicen que la distancia es el olvido. 
Pero va a ser difícil que me olvide de ésta. 
 
Estaba sentado con mi hermano en el sillón de mi casa mirando esa semi que nos la habían puesto de la nada. 
 
Nos tocaba Voca. 
Ahí. 
Tan cerquita de la final. 
 
Nos plantamos bien en la cancha de ellos. 
Pero los fantasmas de la eliminación del 2004 todavía rondaban por ahí
 
Los días previos al partido de vuelta en el Templo fueron eternos. 
Confiaba, pero me comía la ansiedad. 
Como dijo D’Onofrio, teníamos una cuenta pendiente desde hacía más de 10 años
 
Llegó el día y recuerdo que no había nadie en la calle. 
Parecía la final del Mundial (aunque este partido era más importante) 
Fui al gimnasio a ver si podía olvidarme un poco de esos 90 minutos infartantes que se venían, pero fue imposible. 
Todos hablando de eso. 
 
Que quién pasa, que si ponía a este, que si había hecho bien en sacar al otro, que los tenemos de hijos, que el #Ramirazo, que #NoFueCorner, que la B y qué se yo cuántas cosas más se decían. 
Prácticamente no escuché nada. 
 
Tic-tac hacía el reloj y creeme que esa aguja se movía más lento de lo normal, te lo juro, no avanzaba.
Fueron 17 años sin copas internacionales y este no era un partido más.
 
Llegué y ni me bañé.
Como dije antes, me senté en el sillón con mi hermano a ver la previa.
 
El estadio se caía.
Las bengalas.
Los gritos.
La hinchada.
 
El River mi Buen Amigo entonado como se entona un himno me hacía sentir que podía contra todos, que podíamos contra cualquiera que se pusiera por delante.
 
Podíamos.
Entonces confié.
 
Arrancaba el partido.
 
Ya vivimos, sentimos, disfrutamos! Aguanten corazones, aguanten! decía DePaoli apenas comenzaba a girar la pelota.
 
Pelotazo al fondo.
Carrizo que saca un centro de la nada.
Gigliotti que cabecea para atrás.
Rojas la para con el muslo y, al querer despejar de media vuelta, le pega una patada a Meli que venía por atrás.
 
Penal.
Penal para ellos.
20 segundos iban.
Veinte.
 
Tumulto.
Amarilla para Mercado por protestar.
Sentí que se venía la mano negra.
Sentí que nos cagaban de nuevo y me llené de bronca.
 
Delfino nos cobraba penal.
Penal?
La reputísima madre.
Penal a los veinte segundos.
Amarilla para Ponzio también.
Volvían los fantasmas.
 
Acomoda la pelota Gigliotti y ese láser verde que lo molestaba.
La espera.
Esos dos minutos y pico que tardó en patearse el penal duraron mil años.
 
No podía más.
El corazón se me salía del cuerpo.
Agarraba el sillón como si fuera a destrozarlo.
 
De fondo se escuchaba Ooooh, Vamos River Plate, River Plate, River Plate, Vamos River Plate.
 
Y ahora sí, la orden de Delfino, Boca va en busca de la final. Allí va, Gigliotti al arco, Gigliotti, Gigliottiiii…
 
BAROVERO BAROVERO BAROVERO BAROVERO BAROVERO BAROVERO BAROVERO BAROVERO BAROVERO BAROVERO BAROVERO BAROVERO BAROVERO BAROVERO BAROVERO BAROVERO
 
Nos salvaste.
Desviaste esa pelota escrita con la historia de River.
Nunca grité tanto algo como esa atajada.
Jamás.
Quedé afónico.
 
Tengo incontables tweets que fui poniendo de tus heroicos momentos.
Sólo pego algunos.






 
Puedo nombrar 10.000 más, incluso esa en la Final del Mundo a un tal llamado Messi con la que le cumpliste el sueño a tu hijo.
 
Pero esa atajada, ese penal, eso fue todo.
 
River puede ser estresante.
No es para cualquiera.
Muchos grandes jugadores no pudieron triunfar acá por el peso de la camiseta.
Pero a vos parece no pesarte nada.
Por eso podés volar de acá para allá.
 
Esta es tu casa.
En qué lugar se puede estar mejor que en tu casa?
 
Por un segundo pensé en pedirte que te quedes.
Pero sería egoísta.
No quiero que te quedes.
Quiero que seas feliz.
Sea donde sea.
 
Posta, dicen que la distancia es el olvido.
Pero en esta, te juro que en esta, va a ser difícil que me olvide. 
 



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